miércoles, 29 de septiembre de 2010

VISITAS A LOS ALBERGUES DEL PANI

Quiero compartir las experiencias que observé el fin de semana pasado, con motivo de las visitas realizadas por mi despacho a cinco albergues del PANI en Tibás, Moravia, Goicoechea y Coronado.  Vengo muy satisfecha por las calidades humanas del personal y las tías que laboran en estos centros, así como por el cuido, la atención y el cariño que las funcionarias prodigan a estos niños.
 También me ha impresionado favorablemente el aseo y limpieza de los inmuebles y el alto valor nutricional de los alimentos que se ofrecen en esos albergues.  Algunas edificaciones son alquiladas y otras son propiedad del Patronato Nacional de la Infancia, es obvio que las estatales están en mejores condiciones, pues en ellas sí es posible invertir.  Sí me preocupa el hecho de no contar en estos centros con elementales equipos de cómputo ni acceso a las nuevas tecnologías de información, como tampoco fiscalización de asistencia a centros educativos cercanos de estos muchachos, niños y niños niñas, ni programas de capacitación in situ que le den ocupación a las mentes ociosas de los albergados temporal o permanentemente.  Concretamente, pude presenciar en una tapia trasera, en un albergue de Moravia, el orificio comunicante a un parque aledaño donde adolescentes salen por la noche a consumir drogas y regresan luego a sus habitaciones.
 Algunas edificaciones son alquiladas y esto hace imposible que tengan la infraestructura adecuada para albergar a todos estos niños y niñas.  Creo que con veintidós mil millones anuales de presupuesto y escasos doscientos cincuenta profesionales entre trabajadores sociales, abogados y sicólogos para sus múltiples funciones, el Sistema Nacional de Protección Integral, compuesto por el Consejo de la Niñez y la Adolescencia, el PANI, las juntas de protección de la niñez y la adolescencia y los comités tutelares de menores no dan a basto.
 Aprovecho este foro parlamentario para plantear la necesidad de dedicar más recursos para cultivar el espíritu y la mente de los menores; si hay un campo donde no debemos restringir aportes, es en la educación de nuestra niñez y adolescencia.
 A todos los compañeros diputados de la Comisión de Hacendarios,  les hago formal y vehemente petición para que dentro de la escasez de recursos fiscales derivemos un aporte para la inversión en la educación y el bienestar de nuestra niñez.

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